Entre las cosas terribles que ponen en evidencia las campañas electorales, una de las más terribles es la desmemoria. Los mismos imbéciles, autoritarios, déspotas y atrabiliarios que siempre han medrado en el presupuesto vuelven con discursos y promesas imposibles; las mismas que ya han hecho otros y ellos mismos.
Promesas que a la fecha y a lo fecho no podría cumplir ni el mismísimo dios si de repente se le diera la gana de existir.
Pero todo lo curan un par de cebos para el alma simple, ambiciosa y profundamente corrupta del ciudadano medio; una dádiva más miserable que el espíritu del candidato; una sonrisa más falsa que las previas promesas y hartos abrazos y besos a bebés, señoras mal atendidas y viejitas.
Y allá vamos de nuevo, a garantizarle el futuro a los únicos bien pagados y bien servidos en estos morideros del señor.
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Puedo vivir sin creer en Dios
sin alguien superior
que me sugiera cosas
desde un televisor
puedo vivir sin fachas sin skins
sin toda aquella gente
que afila ya los dientes
ante el porvenir
Pero no puedo vivir sin memoria...
Puedo vivir sin más bandera
que dos tibias mondas
una calavera
y los ojos de ella.
Puedo vivir sin álvarez ni cascos
sin un montón de vascos
sin poli sin gobierno
sin jueces sin tabaco
Pero no puedo vivir sin memoria
sin memoria de cada paso que anduvimos
sin memoria, sin memoria
de tantas cosas que he vivido.
Puedo vivir sin ti pero no quiero
porqué iba a acostumbrarme
después de tanto tiempo
a que nadie me regañe.
Puedo vivir sin héroes que me salven
sin perros que me ladren
con poco más que nada
que algunos litros de aire
Pero no puedo vivir sin memoria
sin memoria de cada paso que anduvimos
sin memoria, sin memoria
de tantas cosas que he vivido.
Puedo vivir sin héroes que me salven
sin perros que me ladren
con poco más que nada
que algunos litros de aire.
Víctor Manuel San José
jueves, 27 de mayo de 2010
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